Los residuos electrónicos son otra amenaza para el medioambiente

El último informe del Observatorio mundial de los residuos electrónicos 2020, coordinado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), confirmó que en todo el planeta se han producido 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos (Raees) provenientes de dispositivos que han quedado obsoletos. Aunque los datos pertenecen al registro de 2019, en ese trabajo se revela otro dato preocupante: solo 9,3 toneladas quedaron oficialmente documentadas como recicladas, lo que equivale al 17,4 por ciento del total. Lo alarmante es que casi el 95 por ciento de los componentes de estos desechos se puede reutilizar.

En Latinoamérica, Argentina es el tercer país productor de estos residuos con unas 120 mil toneladas al año, de las cuales el 40 por ciento termina en rellenos o basurales, el 50% sigue siendo almacenado en depósitos o en hogares y solo el 10 por ciento llega a ser recuperado. Una de las provincias que cuenta con una ley propia sobre tratamiento de estos residuos es San Luis, que logró sancionarla en la Legislatura en julio de 2014.

El único dato que se conoce en la provincia sobre basura electrónica lo aportó la Fundación Sodotec, que estima que por cada vivienda existen unos 7 kilos de basura electrónica.

Carlos González D’Alessandro es el presidente de esa ONG y explicó que estos residuos se vienen acumulando en el planeta luego de la aparición de “la ingeniería de obsolescencia, que se viene utilizando desde 1920 cuando las grandes empresas fabricantes de lámparas lumínicas pasaron de hacer bombitas que duraban tres mil horas a otras que lo hacían durante mil horas. Y esto se ha trasladado a todos los productos tecnológicos y al resto de las industrias». Y advirtió que «cuando adquirimos un producto tecnológico tenemos que saber que viene con una fecha de vencimiento, que cada vez va a ser más acotada en el tiempo”.

González D´Alessandro indicó que “la basura tecnológica tiene una característica fundamental: se puede reciclar hasta el 97 por ciento de sus componentes. Y si no lo hacemos es muy contaminante, porque un teléfono enterrado contamina 600 mil litros de agua durante los próximos 50 años. Es decir que un celular, con su batería y el resto de los minerales que trae como oro, plata, plomo y zinc, se puede recuperar”.

En esa fundación trabajan sobre tres ejes: generar conciencia, promover legislación a favor del cuidado del medioambiente e impulsar lo que se denomina economía circular. “El mundo está agotando sus recursos naturales como el petróleo, el oro, la plata o el litio. En algún momento se van a agotar. Por eso es tan importante trabajar con la tecnología y las nuevas formas de consumo de energías alternativas: solar, eólica o biogás», agregó. A su entender, ya no podemos seguir con este modelo que empezó hace 120 años, cuando el planeta tenía menos de 1.200 millones de habitantes. «En este período la humanidad ya agotó más del 50 por ciento de los recursos naturales y ahora somos 7.200 millones de habitantes”, reseñó.  

Además, dijo que consiguieron promover ordenanzas municipales sobre tratamiento de Raees en los municipios de Juana Koslay, Unión y Merlo. Y que ahora trabajan con las municipalidades de San Luis, Villa Mercedes, Santa Rosa y Carpintería para lograrlo. También anunció que empezaron una campaña en la cual recolectan la basura tecnológica de las viviendas, de manera gratuita, y en acuerdo con unos viveros le entregan una planta a cada persona que dona sus residuos.

La empresa Ecochem se dedica al tratamiento y disposición final de residuos peligrosos, brinda servicios de laboratorio y asesoramiento ambiental. Pero también realiza el servicio de retiro de basura electrónica de algunas empresas y la destruyen. Juan Tello es uno de los operadores de la firma y contó que dentro del proceso de destrucción se realiza una separación de componentes porque algunos se pueden reciclar. Y a los que no tienen esa opción, se llevan a disposición final. «Algunas partes van enterradas y otras las pasamos por un proceso de encapsulado, que consiste en mezclar las que no sirven, porque liberan algún metal pesado, con cemento y lo usamos luego para construcción o refacciones edilicias en nuestra planta”, precisó.

Tello aclaró que el trabajo específico que hacen en el predio es el desarme de las piezas. Y lo que se reciclan son los componentes plásticos, que luego de realizar la separación se venden a las industrias que lo necesitan. «Nosotros no lo reutilizamos en ningún proceso propio. Lo reciclamos para luego venderlo por peso”, señaló. También contó que hacen el control y la trazabilidad de cada residuo que ingresa a la planta.

Tras sancionarse la Ley Provincial de Tratamiento de Raees, el técnico en Electrónica, Horacio Ulloque, formó durante tres años una sociedad con dos colegas informáticos para montar un emprendimiento de reciclado. Según contó, lo armaron por “un interés particular, pero nunca hicimos la comercialización de esos residuos”. Ahora se dedica a dar soporte informático a varias empresas, pero señaló que “en ese momento a esa basura electrónica se la consideraba residuo peligroso. En realidad no debería ser así porque el residuo electrónico es potencialmente peligroso. Aunque San Luis contaba con ley provincial, por aquellos años no tenía la reglamentación y por consiguiente no había políticas de Estado sobre este tema, como por ejemplo que el ámbito privado se viera obligado a tratar esos residuos”.

Dijo que durante el tiempo que funcionó Ecotronic, “mucha gente se acercaba a dejarnos sus residuos y agradecían que hubiera un lugar donde los trataran. Recuerdo que aparecíamos mucho en los medios y eso nos permitió generar mercado. Pero al no haber una exigencia para la industria que los produce, en algún momento dejó de ser rentable”.


Crédito: https://www.eldiariodelarepublica.com/nota/2021-3-7-16-34-0-los-residuos-electronicos-son-otra-amenaza-para-el-medioambiente

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